Cyborgs, personas que, con el objetivo de mejorar sus capacidades físicas o perceptivas, deciden instalarse dispositivos cibernéticos por todo el cuerpo. Acojona un poco, ¿no?

Ya nos imaginamos personas con brazos robóticos capaces de arrancar puertas de coches de un sólo tirón, piernas que les permiten correr a gran velocidad o incluso ojos capaces de ver a través de las paredes.

Pues aunque quizás lleguemos algún día a esos niveles, nunca se sabe, lo cierto es que en la realidad hay gente que, por necesidad o por gusto, decidieron convertirse en cyborgs. Este es el caso de Neil Harbisson, un joven británico que, debido a una enfermedad visual llamada acromatopsia que sólo le permite ver la vida en blanco y negro, decidió desarrollar un dispositivo que le permitiese oír los colores.

¿Cómo? ¿Oír colores has dicho? Sí, eso he dicho y para demostrarlo vamos a hacer una cosa. Os voy a poner dos cuadros llenos de colores. Uno de ellos pertenece al discurso ¨I have a dream¨ de Martin Luther King y el otro a uno de Hitler. Seguramente esperas elegir el de Martin Luther King… por eso de que era buena gente y tú también ¿no?… Pues ahí van. Elige derecha o izquierda.

Cyborg-cuadros

Y el ganador es….Martin Luther King a la derecha y Hitler a la izquierda. ¿Elegiste el que no debías? No te sientas mal, a mucha gente le pasa. Veamos el vídeo donde Neil Harbisson nos cuenta cómo hace estas cosas.

Neil Habisson, el hombre que se convirtió en cyborg

¿Para qué quieres ver los colores cuando puedes oírlos? Increíble como Neil empezó memorizando colores y sonidos y acabó asimilándolos de tal forma que se convirtieron en parte de él. Soñar con sonidos, hacerlos parte de su día a día. Ahí fue, según dice, cuando se dio cuenta de que era un cyborg.

Un complejo mecanismo el que desarrolló y que ya no sólo le permite saber de qué color es cada cosa sino que también poner sonido a las caras, a las formas o a los discursos. Todo un mundo que se nos escapa a los que simplemente vemos los colores y que, si os soy sincero, me llega hasta a agobiar.

Cyborg sí, cyborg no, dónde están los límites

Ante este discurso, no me queda otra que hacerme una pregunta: ¿hasta que punto debería estar permitido que una persona se convierta en cyborg? Y no me refiero con esto a todas las personas que, por enfermedad o cualquier otro problema, se verían beneficiadas. Hablo de todos esas personas que podrían llegar a decidir implantarse dispositivos electrónicos por el cuerpo simplemente porque sí, porque les mola.

De ahí que me dejen sorprendido las palabras de Neil cuando dice que decidieron abrir ¨The Cyborg Foundation¨ para “ayudar a las personas a convertirse en Cyborgs y animarlas a ampliar sus sentidos usando tecnología como parte de su cuerpo”. Entiendo y me gusta eso de que el conocimiento es el resultado de las percepciones ,pero, un momento, ¿no se le está yendo la olla demasiado?

Una cosa es usar dispositivos wearables como por ejemplo Ring, el anillo del que ya os hablamos en otro post, y otra cosa es empezar a insertarse chips en la cabeza.

¿Tú que crees que pasará? ¿Se nos está yendo la cabeza demasiado?

Lo bueno, se comparte

Fotos vía: wikimedia