Hace 33 años (yo aún no había nacido) el mundo casi se destruye y nosotros sin saberlo. La noticia me ha dejado tan impactada que os la quería contar. Todo empieza con un hombre, el hombre que salvó el mundo, el Coronel Stanislav Petrov.

El mundo casi se va al garete y nosotros sin enterarnos

Corría la época de la Guerra Fría entre EEUU y la Unión Soviética, año 1983, las cosas estaban demasiado tensas entre ambas potencias y parecía que en cualquier momento la guerra iba a pasar de fría a muy caliente.

Estados Unidos había lanzado la Iniciativa de Defensa Estratégica con la que, el entonces presidente Reagan, pedía a la comunidad científica que desarrollara un plan para proteger a su país de un ataque nuclear por parte de la Unión Soviética.

Esta iniciativa, muy criticada en los medios, se calificó de ciencia-ficción y se le dio el nombre de “Guerra de las Galaxias”, donde a Rusia se la denominaba como el “Imperio del Mal”… Ya os podéis hacer una idea de cómo estaban las cosas, ¿no?Cartel del enfrentamiento URSS-EEUU

Ante esto y otros movimientos más por parte de Estados Unidos, la URSS se preparó y ordenó a sus hombres que si recibían cualquier alerta o tenían algún indicio sobre un posible ataque nuclear, lanzaran toda la artillería armamentística que poseían.

Toda esta tensión que se respiraba no podía acabar de otra forma que con el derribo de un avión comercial surcoreano en el momento en que entró, por error, en territorio aéreo ruso. 269 personas murieron ese día.

Este ataque ocurrió el 1 de septiembre de 1983 y, la historia que voy a contar, la del hombre que salvó el mundo, se desarrolló el 25 de septiembre, justo tres semanas después, cuando ya el ambiente estaba más que tenso.

La noche de terror del hombre que salvó el mundo

Todo empezó la noche del 25 de septiembre de 1983. El Teniente Coronel Stanislav Petrov, integrante del servicio secreto de inteligencia militar soviético, tenía la noche libre o eso creía hasta que le llamaron para cubrir a un compañero que se había puesto enfermo.

Su misión en el Centro de Alerta Temprana era analizar y verificar datos ante un posible ataque nuclear estadounidense. En caso de detectar un aviso de ataque, debía alerta a su superior e, inmediatamente, se lanzaría una ofensiva nuclear masiva sobre los Estados Unidos y los posibles aliados que tuviese.

El Teniente Coronel Stanislav Petrov estaba tranquilo, controlando los paneles, atento ante cualquier movimiento, cuando, de repente, las alarmas saltaron y los paneles informaron “Ataque Misil Nuclear Inminente”. Todo el mundo en tensión. Sudores fríos. Caras de descomposición, todos atentos a las pantallas y a las órdenes del Coronel.

Los paneles avisaban que un misil había sido lanzado desde los EEUU y el Coronel Stanislav Petrov pidió calma. Comprobó todos los datos, exceptuando la visión aérea. Justo ese día hacía mal día y no se veía nada. Pero, pensó: “¿Cómo los americanos van a lanzar un único misil? Es una locura.” Así que descartó el avisó y lo calificó de falsa alarma.

Segundos después las alarmas volvieron a sonar y en las pantallas aparecía que se dirigían hacia la Unión Soviética cuatro misiles más. Imaginaos el revuelo que había en el Centro de Alerta Temprana ruso, vamos yo me pongo nerviosa solo de pensarlo. Y más sabiendo que 5 misiles nucleares, 5, se dirigen hacia mi país y tardan solo 20 minutos en llegar. La destrucción solo iba a tardar 20 minutos.Imagen de una explosion nuclear

El coronel se mantuvo frío mientras todo el mundo iba de un lado a otro. Comprobó todos los datos y vio que 29 niveles de seguridad se habían activado y daban como verídico el ataque. Las órdenes estaban claras, ante ataque americano, contraataque masivo inmediato, pero ¿podría ser error de los sistemas? ¿Podía una máquina fallar 5 veces? Yo no querría estar en su lugar.

Los minutos pasaban y los misiles balísticos se acercaban al continente europeo. Faltaban 10 minutos y el Teniente Coronel Stanislav Petrov aún no sabía si avisar porque sabía perfectamente que si lo hacía una Tercera Guerra Mundial se nos vendría encima, pero si no lo hacía y las máquinas no fallaban, miles de personas morirían y parte del planeta quedaría destruido.

La verdad es que tener una responsabilidad tan grande en sus manos debía acojonarlo y más con 120 oficiales tensos y nerviosos pendientes de sus órdenes. Así que tomo una decisión: los estadounidenses no podían estar tan locos como para mandar un ataque nuclear en mitad de la noche que acabaría, incluso, con su propia población.

Si se equivocaba, una explosión mayor a la de Hiroshima se produciría en el planeta. Si acertaba, había salvado al mundo de sufrir una Tercera Guerra Mundial y una terrible explosión nuclear. ¿Qué creéis que pasó? Obvio ¿no?, sino no estaría aquí contándooslo 😉

Pues sí, el Teniente Coronel Stanislav Petrov salió airoso del problema, las alarmas dejaron de sonar segundo después y gracias a su razonamiento lógico no ocurrió un desastre mayor.

Sus compañeros se tiraron encima de él y lo felicitaron. Todos lo trataban como un héroe y su superior le dijo que lo condecorarían e, incluso, proclamarían un día en su honor. Él simplemente se dejó caer en su sillón, empapado de sudor y se bebió media botella de vodka casi sin respirar. No era para menos, se había jugado su vida y la de millones de personas, era el hombre que salvó el mundo.

Pero… ¿qué fue lo que realmente pasó con el hombre que salvó el mundo?

Pues, como suele pasar muchas veces, no ocurrió absolutamente nada. No le condecoraron, no hicieron un día en su honor, no consiguió un ascenso, ni un reconocimiento por parte del ejército ruso, nada. Pero, ¿por qué?

Fácil, la gran Unión Soviética no podía dejar que nadie supiera lo que había pasado y menos que se enterara Estados Unidos, así que tiro por la vía rápida y cómoda.

Degradó al Teniente Coronel Stanislav Petrov, le reprendieron por no avisar y cumplir con el protocolo estipulado, y, para colmo, le dieron la jubilación anticipada, dejándolo con una pensión de 200$ mensuales. Ese fue el gran agradecimiento para el hombre que salvó el mundo por parte del ejército ruso.

Aunque, unos años después, hasta 1998, un hombre que se encontraba aquella noche allí y presenció lo ocurrido, quiso contarlo todo. Fue entonces cuando se enteró de tal historia Douglas Mattern, presidente de la Organización Internacional de la Paz.

Douglas quiso conocerlo, saber su historia desde primera persona y poder darle el debido agradecimiento por la gran labor que desarrolló aquella noche. Después de mucho buscar, finalmente lo encontró viviendo en los suburbios de Moscú.

Mattern consiguió que le contara la historia, dejándole bien claro que él no se consideraba un héroe, ni mucho menos. Solo cumplió su función como oficial o como dijo:

“Solo fui la persona correcta, en el lugar y momento indicado”.

Pues menos mal Coronel, menos mal…

Gracias a Douglas Mattern y su empeño en buscarlo para que finalmente se le reconociera su gran labor, el hombre que salvó el mundo recibió una serie de premios como:

  • Recibió honores por las Naciones Unidas el 19 de enero de 2006. El Coronel Stanislav dijo que ese había sido el día más feliz de su vida en años.
  • En 2011 recibió en Alemania el premio Alemán de Medios, reconocimiento que se concede a personas que han hecho contribuciones significativas a continuar la paz mundial.
  • Premiado con el Dreden Preis en 2013.
  • Además, Kevin Coster, realizó un documental en su honor titulado “El botón rojo”.

Stanislav Petrov, el hombre que salvo el mundo

Y… ¿qué es del hombre que salvó el mundo, el Coronel Stanislav Petrov, hoy en día?

Seguro que nada de lo que os imagináis ahora mismo. El Coronel sigue viviendo en su pequeño apartamento a las afuera de Moscú, con su pensión de 200$ y con una aspiradora nueva, aunque defectuosa.

Sí, una aspiradora nueva, porque eso fue lo que quiso hacer con el dinero que se quedó para él de todos los premios que recibió, comprarse una aspiradora, un sueño sencillo y humilde. El resto del dinero lo donó a sus familiares.

A mí ya solo me queda decir: gracias Teniente Coronel Stanislav Petrov, por su cabeza fría, su razonamiento lógico y, sobre todo, por su humildad. Es un placer saber que aún existen personas como usted. ¡GRACIAS HÉROE! 😉

¡Ah! Algo más, no os olvidéis de compartir, porque esta historia se lo merece, este hombre se lo merece y porque compartir es sonreír 😉

Información e imágenes vía:  Muhimu, El País Viajes y La Gaceta.