¿Cuántas veces no habrás hecho cosas que pensabas que estaban bien, y que eran las correctas, pero sin embargo estabas muy equivocado? Al menos estarás más tranquilo si, efectivamente, te diste cuenta a tiempo y no seguiste cometiendo el mismo error una y otra vez. Pero, ¿y si no ha sido así y cada día tiendes a mantener una rutina que lejos de ser acertada y beneficiosa, es de todo menos eso?.

En mi caso, por ejemplo, aún recuerdo cuando me daba por comer Nutella pensando que era algo sumamente sano, que aportaba todos los nutrientes de la leche y de las avellanas. Pero me olvidaba de una cosa: la increíble cantidad de grasas saturadas que podemos encontrar en su composición. ¿El resultado? Desecharla y optar por ella solo para ocasiones puntuales (¡es que está buenísima!) y si quiero disfrutar de las cualidades de la leche y de las avellanas, pues simplemente me tomo un vaso de leche por la mañana, y un puñado de avellanas al mediodía. Y chinpúm.

A continuación te proponemos un listado de algunas cosas que haces mal y no tienes ni idea…

1. Comer galletas digestivas con chocolate

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No es cuestión de dar nombres, pero me vienen a la cabeza las galletas Digestive (y todas sus variantes de marcas blanca, a veces más acertadas y otras muchísimo menos). Vale que las galletas, en su composición, tengan cereales y sean ricas en fibra, que obviamente las convierten en digestivas. Pero ¿¡y el chocolate!? ¿Quién ha dicho que el chocolate sea digestivo?

2. Comer alitas de pollo

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Me encanta el pollo, tanto o incluso casi más que la Nutella. Pero soy de esos que agarra la alita de pollo y muerde y muerde hasta llegar al hueso. Pero hay una solución más simple y muchísimo más sencilla: agarras los dos huesos (primero el pequeño), los giras y los sacas del pollo. ¡Listo, ya tienes la alita de pollo deshuesada!.

3. Quitarte la camisa y casi enrollarte en ella

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A veces tiendo a pensar que soy un poco difícil, y me doy cuenta de ello cada vez que intento quitarme la camisa. Sí, suelo ser de los que se enrollan en ella cada vez que se la quitan. Pero siempre se puede practicar e intentar hacerla con una mano, sobretodo para no hacer el ridículo cuando estás en la playa o en la piscina y la camisa casi parece que quiere ahorcarte enrollándosete en el cuello.

4. Pelar un mango de forma eficaz

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Ahora que es tiempo de mangos, aunque ya les quedan poco para que vuelvan a desaparecer de nuestras vidas un año más (sí, estoy triste, además de la Nutella y las alitas de pollo, también me encantan los mangos… aunque casi mejor las mangas), seguramente que en muchos momentos te habrá costado horrores retirar su piel. Como puedes ver en la imagen anterior, existe una opción simple y sencilla. Sólo necesitas una jarra de cerveza y algo de paciencia.

5. Guardar tus camisetas y no saber cuántas tienes (o no acordarte de ellas)

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No me gustaría enseñarte mi armario donde guardo las camisetas. De hecho no lo voy a hacer. Pero puedes hacerte una idea: no sé cuántas tengo ni cuáles, de manera que como tengo muy poca paciencia siempre tengo a coger las primeras que veo (es decir, en realidad mi vestuario es como si se resumiera en 4 o 5 prendas, no más).

Una solución sencilla es colocar las camisetas de lado, de manera que serás capaz de ver exactamente todas las camisetas que tienes. ¡Y sin desordenarlas!.

¿Qué te parecen estas nuevas formas de hacer las cosas? Si te gusta comparte 😉