¿Recuerdas cuando jugabas al escondite de pequeño? Si aún no tienes hijos es probable que esos recuerdos sean algo borrosos… A mi al menos sí se me quedó grabado una imagen que –creo- nunca olvidaré, aunque no jugaba al escondite y sí a colocarte un paño en los ojos para dejarte momentáneamente ciego y tratar de encontrar a tus amigos que se escondían. ¿El resultado? Un labio partido tras golpearme contra una columna, y un auténtico reguero de sangre que casi me hizo necesitar una transfusión (es ironía, obviamente).

Por otra parte, sé de un niño que se escondía tan bien, tan bien, que sus compañeros 30 años después aún continúan buscándolo… Aunque creo que al final no es que se supiera esconderse bien, sino que los padres se mudaron de ciudad…

Si aún juegas al escondite (aunque ya seas lo suficientemente mayor como para dejarlo en la intimidad y no compartirlo con los demás), te animamos a descubrir dónde nunca deberás esconderte si no deseas ser encontrado. Y es que con estos niños no tardaron mucho en dar con ellos…

1. Que se te ven los piececitos…

piecesitos

Podríamos decir que este niño tuvo una gran ocurrencia, pero se olvidó meter las piernas dentro del cubito también. Eso sí, seguro que los padres pasaron de largo y tardaron un buen rato en encontrarlo con el objetivo de que se sintiera la mar de contento… o quizá aburrido.

2. Si supiera cuánto polvo acumulan las alfombras… no lo haría

cuanto-polvo

Mi pareja no me deja tener alfombras en casa porque acumulan muchísimo polvo. Y tiene razón. Si además a eso le sumas 4 gatos, es evidente que las alfombras serían nuestro gran enemigo. No obstante, parece que este pequeñín no se ha dado cuenta de ello. Cómo saldrá después de que los padres le encuentren.

3. Creo haber visto unos calcetines blancos

calcetines

Si al menos los calcetines fueran del mismo color que el suelo podríamos decir que pasaría casi inadvertido; casi, si no fuera porque la puerta del armario está algo abierta y se nota.

4. Al menos no se te ve la carita

carita

Podríamos decir que sería válido, y que el niño puso todo su esfuerzo en esconderse bien. Pero claro, se olvidó de esconder también el resto del cuerpo.

5. Y érase un niño a una… ¿lámpara pegado?

nino-lampara

Dijo Francisco de Quevedo eso de érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayón y escriba… Pero en esta ocasión, con su permiso claro está, debemos cambiarlo por érase un niño a una lámpara pegado. Y es que podemos decir que sus padres tuvieron que echar una carcajada al encontrarlo así…

Jajaja, compártelo que nos riamos todos 😀